Historias de científicos refugiados en ‘Nature’

Alepo, Siria, durante la guerra, en 2012 (CC)

Con el título “Cazados, perseguidos, apátridas y asustados”, la revista Nature ofrece en su último número un extenso artículo dedicado a científicos que tuvieron que huir de sus respectivos países y desempeñan su trabajo como refugiados.

Es el caso del geógrafo Mohamed Ali Mohamed, que huyó de la guerra en Siria y consiguió asilo en Alemania gracias a una beca que ofrece la Fundación Alexander Von Humboldt de Berlín para científicos desplazados.

Para este tipo de organizaciones, dice el artículo, “el objetivo es más que salvar vidas”: “Los países en un estado de convulsión política se arriesgan a perder su capital intelectual si los investigadores desaparecen”, y citan a Stephen Wordsworth, director ejecutivo del Council for At-Risk Academics (CARA, Consejo para Académicos en Riesgo), de Londres: “Ellos son el futuro de la educación superior en sus países. Si los matan o los desplazan, sus sociedades, arruinadas, no se pueden reconstruir”. CARA ha visto cómo en los últimos dos años, el número de solicitudes de amparo ha subido de entre tres y cuatro por semana a entre quince y veinte. No se alcanzaban cifras tan altas desde principios de los años treinta del siglo XX.

Aunque los científicos refugiados entrevistados por Nature expresan una enorme gratitud a las fundaciones que los ayudan, también reconocen que enfrentan dificultades incluso cuando tienen trabajo, por ejemplo en cuanto a contratos de alquiler, seguros médicos o problemas de visado. Muchos dicen encontrar difícil enfocarse en el trabajo sabiendo que sus familias se encuentran atrapadas en un limbo desconocido.

El biólogo Kassem Alsayed Mahmoud, quien desertó del ejército sirio, donde estuvo obligado a servir durante 19 meses, consiguió llegar a Bélgica, donde la organización Scholars at Risk (Investigadores en Riesgo) de Nueva York le consiguió un puesto en la Universidad de Gante, después de años vagando por países como Qatar, Turquía o Francia.

Por su parte, el geofísico iraquí Zamir Al Salim, también retratado por Nature, asegura haberse sentido siempre solo en Gran Bretaña, donde tuvo que refugiarse después de que en 2014 Estado Islámico tomara su ciudad natal, Mosul.

Todos ellos darían lo que fuera por volver a sus lugares de origen, pero son pesimistas. “No veo que vaya a haber una solución pacífica al menos en los próximos cinco años”, declara el sirio Alsayed Mahmoud. “Imaginen que tienen una casa, una vida, amigos, historia, y en de un momento a otro, lo pierden todo”.

Marcar el Enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *