“Estamos en un momento de responsabilidad muy fuerte para la comunidad científica”

 

El doctor Hervé Le Treut durante su conferencia (Foto: José Eduardo González)

Hervé Le Treut, miembro de la Academia Francesa de Ciencias, es una de las voces más respetadas dentro de los estudios del clima. Su trabajo, centrados en distintos fenómenos relacionados con el cambio climático, como la interacción entre la atmósfera y los océanos o la influencia humana en el efecto invernadero, le valió ser integrante del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés).

El climatólogo francés vino a México para impartir la conferencia magistral “La nueva responsabilidad de las ciencias del clima después del Acuerdo de París”, dentro del taller “Variabilidad y cambio climático – Océanos”, organizado por la Academia Mexicana de Ciencias y la Casa Universitaria Franco Mexicana. Antes de su charla, este miércoles, conversó con AMC Exprés sobre los enormes retos de la comunidad científica frente al calentamiento global.

Hace 30 años, el cambio climático parecía sólo una predicción apocalíptica. Sin embargo, hoy hay consenso científico mundial en que ya es una realidad. ¿Cuáles son las señales más fuertes de que existe el cambio climático?

El cambio climático se puede medir de una manera fuerte en las zonas árticas, principalmente. Allá el calentamiento es mucho más fuerte por la retroacción que tiene con el océano. La capa de hielo marítima se va poco a poco. A final de cada verano el hielo permanente es la mitad de lo que era antes. De manera general, el patrón del calentamiento global es exactamente el que se había predicho hace más de 30 años. En el informe de 1979 de Jule Charnay para la Academia de Ciencias de América ya había una predicción casi exacta de lo que iba a pasar. El hecho es que ver eso toma tiempo. Se tienen que calentar los océanos. Además, la emisión de CO2 se aceleró siempre, así que las emisiones más grandes son las más recientes también. Ahora estamos emitiendo diez veces lo que emitíamos en los años cincuenta. Eso se acumula en la atmósfera casi en su totalidad. Hoy vemos los cambios que se deben a lo que fue emitido en el pasado. Lo pasará con nuestras emisiones de hoy se va a ver en el futuro. Es muy difícil decirle eso a la gente. La gente, generalmente, cree lo que ve, pero lo que vemos ahora no son las consecuencias de lo que hacemos, sino de lo que hicimos.

Quizá por eso tardó tanto tiempo la comunidad científica en tener un consenso…

Cuando no se veían los resultados, mientras todo fueron predicciones, hubo muchos debates en la comunidad científica sobre si era cierto, si no se habían olvidado tal o cual fenómeno, que algo iba a pasar que no sabíamos… Es natural, pero retrasó la toma de conciencia. Tampoco ahora tenemos un consenso sobre lo que tenemos que hacer. Las soluciones no las tenemos, realmente. O las tenemos de una manera muy vaga: sí, tenemos que reducir las emisiones. ¿Pero cuáles? ¿Quién? ¿Con qué calendario? ¿A qué ritmo? Todo eso está sobre la mesa ahora y no se ha resuelto. Estamos estancados con el debate de las soluciones. Y no se debate realmente. También es cierto que con todo lo que ya ha sido emitido, hay una dificultad muy grande en quedarse por debajo de los dos grados de calentamiento. En el Acuerdo de París se dijo que tenemos que quedarnos a un nivel de calentamiento menor a dos grados. Pero ya es casi imposible dos grados. Dos grados en el escenario que hizo la IPCC, que es un escenario que requiere, por ejemplo, la capacidad de captar parte del CO2 que ya hemos emitido.

Y esa tecnología no existe hoy por hoy.

Hoy por hoy no existe. Existen ideas. Existe, quizá, una capacidad teórica de captar CO2 por millones de toneladas, pero lo que necesitamos es captar billones. Pasar de millones a billones es un problema tecnológico muy grande. La principal manera de captar CO2 es la fotosíntesis, pero ¿cómo hacer una fotosíntesis de ese tamaño? La tecnología no la tenemos. Va a ser muy difícil. Yo creo que estamos en un momento en el que tenemos que definir cómo organizar la interacción, y debatir sobre mitigación de las emisiones, sobre adaptación a las consecuencias, teniendo en cuenta también el hecho de que la sociedad no está lista para esas cosas, y que el problema social y político es un problema muy importante, que limita la capacidad de acción. También tenemos otros problemas ambientales. La necesidad de proteger la biodiversidad hace que algunos tipos de biocombustibles, que se habló mucho hace diez años, ahora se habla menos porque se ve que pueden tener repercusiones adversas. Así que estamos en un momento donde hay que ver cuál es el camino estrecho de todo eso.

Eso se une al reto de alimentar a un planeta que se prevé que en 2050 tenga 9,500 millones de habitantes.

Exactamente. Buscar este camino estrecho tendría que ser el tema mayor de la comunidad científica. Es lo que voy a tratar de decir en mi conferencia: estamos en un momento de responsabilidad muy fuerte para la comunidad científica. Hemos trabajado cada uno en su tema, pero necesitamos hacer una síntesis de todo ello. Si la comunidad no habla de lo que realmente se necesita, trata de allanar un poquito los caminos que se pueden tomar, qué no va a ser.

En 2018, el año que viene, habrá un COP muy especial, porque serán revisadas las promesas que hicieron los Estados en el marco de la COP21. ¿Cuál va a ser la postura de las ONG? Bueno, se va a necesitar una formulación científica previa. Y tenemos de estar en condiciones de decir es que tal y tal Estado no cumple con lo que tenía que cumplir. No estamos preparados para simplemente dar las cifras. Después, la situación depende de muchos criterios: hay países con pobreza, con guerra civil… Hay muchas condiciones que hacen que no se puedan compartir los esfuerzos de manera uniforme; tiene que ser diferenciada, como siempre se ha dicho. Pero tiene que ser.

Frente a la postura de Estados Unidos, cuyo presidente parece que va a cumplir la amenaza de retirarse del Acuerdo de París, el nuevo presidente francés, Emmanuel Macron ha abierto públicamente las puertas a la comunidad científica. ¿Son ustedes optimistas con ello en Francia o fue algo electoralista?

Yo creo que está realmente convencido, porque lo raro es que Macron no hizo muchas promesas al respecto durante la campaña electoral, sino después de ser elegido. Y lo mismo respecto al fortalecimiento de la Unión Europea, que es algo un poco impopular. En cierta manera es un testimonio de dónde estamos: alguien que está convencido de la importancia de eso y no lo pone enfrente para no perder votos. Yo creo que es un tema mayúsculo: los políticos que pueden hacer dependen, como en toda democracia, de lo que piensa la gente. Creo que otro tema mayor es la educación. La educación toma su tiempo, pero es el elemento más necesario que tenemos ahora. La comunidad científica no puede ser muda frente a todo eso. Quizás no hemos hecho todo lo que se necesitaba hacer como comunidad.

¿Cómo valora, en este sentido, la Marcha por la Ciencia del pasado abril?

Es cierto que fue una marcha necesaria para poner en valor el aporte de la ciencia. Pero para reivindicar eso, también tenemos que llevar a cabo nuestro trabajo hasta sus conclusiones.

Lo veo pesimista, doctor, de que el cambio climático pueda revertirse.

Yo no soy pesimista, más bien crítico sobre algunas cosas que no hemos hecho y que tenemos que hacer. Pero es más para motivarse que para otra cosa. Necesitamos encontrar una forma de motivación superior frente a una situación que merece una consideración más amplia de la que hemos dado siempre. Plantear un modelo científico, predecir que la temperatura aumentará cuatro grados, cinco grados, de repente no es suficiente: hay que ir más allá.

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